Una historia de buena agua

Con nuestros talleres, siempre hacemos pequeños viajes. El viaje que se explica a continuación nos lleva a la isla de Kolol En. Acompañamos a Jina David, activista ambiental y concejal. Jina, junto con un grupo de jóvenes, probó la calidad del agua en los reservorios de lluvia de la isla y, al mismo tiempo, enseñó a los jóvenes cómo proporcionar agua limpia en el futuro. El proyecto de Jina fue posible gracias a Jo-Jikum y KIO.

 

Stewards of the Environment

Durante una semana, nuestra compañera de trabajo Christina Schulze acompañó a un equipo de investigadores dirigido por el científico Marshallese Mark Stege en su trabajo en el Atolón Maloelap. Esta semana les presentamos una pequeña película titulada “Stewards of the Environment”, que ya te da algunos de los estilos narrativos y de estados de ánimo de nuestra futura película.

Y a 13.070 kilómetros del atolón de Maloelap, el músico de  Potsdam (Alemania) Marc Schicker musicalizó el video mientras lo miraba. Esperemos disfrutes mirando y escuchando el material.

El trabajo del equipo de investigación en torno a Mark Stege ha sido posible gracias al Unitarian Universalist Service Committee y la Marshall Islands Conservation Society.

 

Relación de indeterminación

Era marea baja y salimos con el grupo laguna adentro. Fijamos en el horizonte a tres niños como puntitos en la distancia. Estaban arrodillados en la parte mas alta de la laguna casi sin agua. Con ellos tenían unos recipientes de plástico. Queríamos ver de cerca lo que hacen, decir “Mauri“ y sacar un par de fotos. Cuando llegamos vimos que escababan en arena blanda bucando almejas y de vez en cuando se refrescaban en los pozos de las aguas bajas color turquesa. El mayor de los tres sería de unos siete años. El menor quizás cinco.

Saludamos con “Mauri“ y no recibimos ninguna respuesta. Solo uno de los niños nos sonrie de oreja a oreja. Nos agachamos y comenzamos también a buscar. Viviana y la pequeña Maira encuentran una pequeña conchita de mar.

El mayor de los niños y el más dedicado en la búsqueda nos tira una almeja más grande de la que encontramos. Quizás como recompensa. Quizás como motivación. Agradecemos y seguimos escabando en silencio. Los niños no hablaban inglés. Nosotros no hablamos Kiribati. La marea alta se va acercando. Era tiempo de irnos. También para ellos. Christina y Claudia ya estaban en la orilla de la laguna. El agua seguía subiendo. Mark las sigue con la Nikon al hombro. Yo lo sigo con Maira en los brazos. Los niños emprenden también el camino de regreso. El suelo estaba lleno de piedras de coral y almejas filosas. Los seguimos a los tres sintiendo el suelo despacio antes de pisar fuerte, buscando las partes suaves del suelo. Pronto llegaremos a la costa. No habia peligro.

De repente y a los lados de la elevación arenosa donde nos encontrábamos, y con poses impresionantes, cayeron en las aguas más profundas hacia atrás y hacia adelante, se sumergieron, contuvieron la respiración, se sumerjieron y reaparecieron riéndose.
El mas pequeño de los tres pataleaba agitado en el agua. El mayor nadaba a su lado y se reía a carcajadas. Mark se detenia camino a la costa y nos grita algo indecifrable y regresa a donde nos encontrábamos. El tercero de los niños se sumerje. Se sumerje demasiado tiempo. Gunnar pesca por así decirlo al que pataleaba y lo carga en sus brazos. El pequeño estaba en pánico pero estaba bien. Yo sigo mirando al que está sumerjido. Los segundos se estienden. Algo estaba pasando con el tiempo. Ya no tenía ninguna relación. Nada tenía ninguna relación. Le tomo a Gunnar el pequeño. El agua ya estaba a un metro y medio. Cargo al pequeño en un brazo en el otro sigo cargando a Maira y me arremeto lo más rápido posible hacia la parte más alta del lugar en donde nos encontrábamos, mientras Gunnar se apura en sacar al niño sumerjido.

Coloco a los dos en el suelo de corales. El agua nos llega aquí solo a los tobillos. Se aferran a mis piernas. Veo que el tercero de los niños llegaba a la orilla de la laguna. Al parecer sabía nadar. Pero el niño que Gunnar traía en sus brazos respiraba o demasiado poco o ya no respiraba más. De su boca y nariz salía una espuma blanca. Los ojitos miraban la nada. En nuestra burbuja del tiempo perdido sacudiamos al niño, presionábamos sobre su pechito y su espaldita. Mas espuma salía de su nariz. La respiración se volvía mas fuerte oder empezaba por fin. Mark alcanza la pequeña isla donde nos encontramos. Toma al niño en los brazos, lo sacude otra vez mientras Gunnar presiona su pechito. Mas espuma. No teníamos lugar. No podíamos ni recostarlo para reanimarlo ni darle respiración pero ahora con tres adultos podíamos llegar a la orilla.

Gunnar sacude al niño nuevamente del que sigue saliendo espuma de la nariz y pronto comienza a llorar como un niño durmiente. Estaba con vida. Está con vida. Pero quería dormir y Mark que va destrás de Gunnar comienza a darle al niño en las mejillas. “Wake up!“ le grita. Y “Don’t you sleep!“ llegando a las orillas de la laguna grita. “We need help. Get us fresh water!“
Dos lugareños nos habían alcanzado en el agua unos metros antes de la orilla. “No te duermas” le dicen a la pequeña cabecita sobre el hombro de Gunnar

En la orilla nos esperaban unas 40 personas. Nos llegan tres botellas de agua helada. Gunnar se arrodilla exausto con el niño sobre sus rodillas. El niño no quiere beber. Mark le vuelca agua helada sobre la cabeza y la nuca, el que produce una reacción y exala por fin y con ella una mezcla de agua salada y espuma sale expulsada en caudal de su pulmones. Todos y todas gritan de alegría sobre la cantidad de agua que escupe. “Mirá, el niño respira de nuevo” me dice Maira. La tenía tan agarradita en mis brazos.

Mas tarde nos curábamos las heridas ridículas de los pies. Camino a la orilla no nos cuidamos más ni de las piedras, ni de las almejas. Escuchamos la sirena de una ambulancia.

¿Qué hicimos? Los tres salían seguro cada día en marea baja a jugar, a buscar almejas a lo que sea. Aunque no supieran nadar, el mar no les es desconocido. En nuestro grupo son los tres tema constante de charla. Nosotros los pusimos en peligro. Por nosotros sobrepasaron los límites de lo que pueden y saben hacer. Nosotros fuimos los que molestamos la paz de su mundo, la concreción de una relación de indeterminación, que no te permite observar nada, sin que eso no sea estorbado y sin saber si ese estorbo al final será bueno o malo.

Fue la primera gran lección. En general. Para nosotros, acá en este lugar. Tendremos que ir mucho mas cuidadosos en nuestras acciones con las personas que como documentaristas admiramos y no debemos poner en peligro.

En principio: de vacaciones

El 4 de Enero del 2018 llegó nuestro pequeño grupo de trabajo del proyecto Kiribati al aeropuerto también pequeño de Tarawa. Luego de un viaje de 3 días llegábamos por fín.

Mientras la máquina aún se encontraba en el aire, aplastábamos nuestras narices a las ventanillas.
En medio del mar Pacífico sin fronteras, de un color turquesa indescriptible y que desde horas sobrevolábamos se pudo ver de pronto un poco de tierra. En forma redonda se iba ordenando una pequeña formación de archipíelagos provenientes de una caldera que en tiempos remotos perteneció a un volcán. Inimaginable que allí abajo hubiera lugar para aterrizar el avión. Pero sí lo había y aterrizamos con bastante ruido por así decirlo. El calor ardiente atravesó las puertas recien abiertas. Luego de haber cruzado a pie la pista de aterrizaje y de haber llegamos frente a la barra que cumplía el papel de ingreso o no a Kiribati, comenzaron los jóvenes empleados de migraciones a hablar por teléfono. Desde la oficina del presidente se comunicaba: „manden a todos de regreso a Fiji.“

¿Qué había pasado?

Ya a comienzos del año 2017 habíamos enviado los papeles correspondientes a nuestro trabajo.
La oficina presidencial nos habia remitido una “Clearance“, en la que se recomendaba a cualquier persona de las Islas apoyar nuestro trabajo. Con esa base de una carta tan amigable, conseguimos dinero para el proyecto, recibimos el apoyo del ministerio del exterior de Alemania y del consulado de Kiribati, compramos el equipo, compramos los pasajes de vuelo y presentamos los papeles a la oficina de migraciones de la República de Kiribati para recibir la visa de trabajo por 10 meses.

Unos días antes de navidad nos informa el Ministerio por correo electrónico que nuestro ”Clearence“ era válida solo para tres de cuatro de las personas de nuestro grupo (entre tanto se había sumado a nuestro grupo Christina y eso lo habíamos comunicado a las autoridades correspondientes) y que por esa razón las visas para nosotros se volvían imposible. Ante esa situación le pedimos a la oficina presidencial que nos cambiara la “Clearance“. La reacción a nuestro pedido fue la información que la “Clearence“ también habia sido abolida. Nos enteramos por amigos/as de Kiribati que la política del gobierno actual había cambiado. Luego de una cantidad suficiente de malas experiencias con creadores cinematrográficos extranjeros, se le pidió al ministerio de justicia trabajara una nueva ordenanza para la acreditación en ese ámbito de trabajo. Situación que puede tomar su tiempo.

¿Qué hacer? Nuestros vuelos ya habían sido comprados. Nuestros departamentos subalquilados o dados de baja. Las vacaciones no pagas del antiguo puesto de trabajo de Claudia ya habian comenzado y solo durarían 10 meses.

Así que volamos. Amigos, que mas tarde encontraríamos en Tarawa, nos confirmaron, que ese fue el único camino correcto ha seguir. El lema es “Vé y habla con la gente. Nadie se convencera atravéz de un correo electrónico. Pero todos te escucharán, cuando estés delante de ellos.“

Y sí, volamos: doce horas desde Düsseldorf a Singapore. Luego de ocho horas de espera casi la misma cantidad de horas de Singapore a Fiji y desde allí tres horas ha Tarawa y casi la misma cantidad de regreso a Fiji, si es que nos hubieran deportado.

El joven empleado de migraciones lucia incómodo con la orden de la oficina presidencial. Nos miraban preocupados y discutian entre ellos de manera agitada. Le trajeron agua fresca a Maira (4 años) y siempre había una llamada telefónica de por medio. Siempre. Hasta que repente se nos comunicó que nos podíamos quedar pero que al día siguiente teníamos que presentarnos todos a las 10 hs. en punto en la oficina de migraciones. Con quién hablaron y quién nos habrá protegido, es algo que hasta el día de hoy no sabemos.

Amigos de Kiribati esperaron pacientes dos horas delante del aeropuerto bajo un calor ardiente. En Konvoi nos transportaron atravez de un día resplandeciente hasta la casa que alquilamos y que nos esperaba a la sombra de las palmeras de cocos. Todo el viaje hicieron chistes y rieron mucho. Acababamos de aprender la primera lección importantísima: paciencia. La segunda lección acá sería también la última: Es importante que nos manejemos con respeto y de forma amigable. Así será también como se comportaran con nosotros.

Armados con esas dos lecciones fuimos al día siguiente a la oficina de migraciones y así lográbamos un paso más. Nos podíamos quedar- como turistas, hasta que nuestro permiso de trabajo fuera descidido.

Y así es que estamos obligados ha hacer vacaciones en el paraiso. Cosa que en realidad era el plan. Cuando Maria desde la producción nos mandaba de viaje, nos decía: “utilicen el primer mes para llegar. Se tienen que aclimatizar no solo a las temperaturas sinó también a las costumbres. Hablen con gente. Averigüen que necesitan y quienes tendrían interes en participar de los talleres. Tejan red. Encuentren amigos/amigas en esta ruta.“

Y eso es lo que hacemos en estos días. Y nos llena de emosión ver y refleccionar con cuanta amistad y disposición de ayuda nos encontramos en cada charla que cada uno/a de nosotros hace día a día. Un paar de fotos e historias de estas vacaciones forzadas subió Mark Uriona a su Blog. Klick!

Ni un paso atrás

es el proyecto actual que estamos llevando adelante en cooperación con estudio Kalliope y de forma participativa con la población de las islas de la República de Kiribati.

Kiribati es un estado ubicado en medio del mar pacífico que consiste en muchas islas pequeñas que están en peligro de extinción por el crecimiento del nivel del mar y que, según expertos, para los años 2060 habrán desaparecido. Las emisiones causadas por las industrias del mundo moderno, industria que nunca se desarolló en Kiribati en sentido estricto, van a hacer desaperecer poco a poco no solo una cultura histórica sino también innumerables pequeños lugares personales símbolos de hogar y familiaridad.

La “desaparición“ de una civilización no es solamente un acontecimiento local sino un llamado de emergencia para todo el planeta. Las amenazas que recaen sobre Kiribati son un ejemplo elocuente de los efectos que desata el calentamiento global a nivel planetario con el consecuente derretimiento de las masas de hielo y el aumento del nivel del mar.

Con “Kiribati- ni un paso atrás“ queremos hacerle frente a los que niegan un cambio climático y demostrar que es urgente repensar esa posición y ponerse en acción.

Partiendo de esas convicciones es para nosotros particularmente importante no venir a Kiribati como cineastas del primer mundo y hacer una película sobre los afectados. Perseguimos un concepto participativo. Queremos vincularnos con la gente del lugar y en conjunto desarrollar el proyecto del documental. Para lo cual llevaremos adelante talleres en los que compartiremos nuestros conocimientos en las áreas de realización de entrevistas, filmación, edición de imagen y sonido y en el encontrar una dramaturgia en el material recolectado. Ponemos a disposición nuestro conocimiento y capacitaremos si es necesario a las personas para que ellas mismas puedan contar sus propias historias. En ese empoderamiento radica nuestro acompañamiento del proceso y en el mutuo apoyo en expresar ideas e intereses.

Esta modalidad de realizar la tarea, además de lo que venimos de mencionar, se sustenta en la convicción de que l@s protagonistas se dirigen a la cámara de una forma muy diferente si son filmad@s y/o entrevistad@s por una amig@. Y esa relación de cercanía e identificación se trasmite a la pantalla gigante y al público en general.

Como nuestro trabajo se basa en una forma exploratoria, no tenemos una narrativa escrita, sobre cómo será el documental. Claro que tenemos preguntas que nos brindan un marco, el cual se amplía o descarta a medida que vamos explorando el campo y realizando los talleres. Una de esas ideas que viaja con nosotros es la de visitar junto con una „delegación“ de Kiribati la isla Vanua Levo de unos 20 Kilómetros cuadrados de Fiji. El gobierno anterior al actual de Anote Tongo compró a Fiji en el año 2014 la isla para ir preparando una evacuación de la población. Una situación sumamente interesante si consideramos que Fiji es hasta el momento el único Estado que reconoce el cambio climático como razón de emigración y que se comprometió públicamente en recibir un contingente fijo de personas de Kiribati.

Pero nuestra investigación también reveló que no todas las personas que residen en Kiribati están dispuestas a aceptar la desaparición de su tierra. Hay ideas y técnicas no convencionales y exigentes que podrían salvar la isla, por lo menos en parte. Y también sobre esos sueños, sean reales o no, queremos profundizar más.

Nuestro enfoque, único en la exploración y desarrollo mutuo, dará como resultado un documental convincente, enfático y altamente actual que aborda uno de los temas más importantes de nuestro tiempo.