Unidos por el clima

El 8 de septiembre es un día de acción mundial por el clima. En más de 70 países estan organizando actividades y demostraciones para demandar la transición energética a 100% de energía renovable, y para construir un mundo libre de compustibles fósiles. Solo en Alemania, se planean más de 25 eventos.

También aquí en las Islas Marshall y otras islas del Pacífico se están preparando para el 8 de septiembre. Bajo el lema #RiseForClimate y #RiseForPacificPawa ( “Pawa” – pidgin Inglés para “Power”) se unen muchos de los pequeños países insulares, para apoyarse y mostrar al mundo: No nos estamos undiendo, estamos luchando. Estan luchando por la protección del clima, por la sobrevivencia de sus islas y por su identidad cultural. Filmamos la reunión de la ONG medioambiental Jo-Jikum, que es nuestro socio local y parte del movimiento global climático 350.org. El símbolo de la campaña este año es Kikonang, un tipo de molino de hoja de palma. Es sinónimo de movimiento, representa energía renovables como la de viento y la solar, es expresión de la artesanía, que aquí tiene un importante significado cultural y a muchos les recuerda a su infancia, porque es un juguete muy popular en el Pacífico.

El símbolo del año pasado fue la flor detrás de la oreja #Haveyoursei, que simboliza las culturas del Pacífico. El siguiente video de las Islas Marshall se mostró en la COP23 en Bonn, Alemania.

 

Es importante enfrentar la crisis climática a nivel mundial. En las Islas Marshall no hay casi industria, son estas sociedades que contribuyen menos a la contaminación ambiental debido a las emisiones de gases de efecto invernadero. Pero ellos son los primeros afectados por los impactos del cambio climático. Para más información visita:

https://riseforclimate.org

https://350.org

https://350pacific.org

Perspectivas

En este artículo queremos mostrarles dos perspectivas inusuales en las Islas Marshall: la vista desde el aire y la vista bajo la superficie del agua.

Durante la Segunda Guerra Mundial, las Islas Marshall, debido a su ubicación geográfica en el Pacífico, fueron escenario de numerosos conflictos armados entre los EE. UU. y Japón. Incluso hoy las huellas son visibles. En y alrededor de los diversos atolones puedes encontrar restos de bunkers y centros de control, barcos hundidos y aviones accidentados. La foto superior muestra las ruinas de petroleros japoneses en la isla de Tarawa en el Atolón Maloelap. En el video verán los restos de un avión estadounidense (probablemente un pequeño bombardero) que yace en el fondo de la laguna de Majuro. Se ha convertido en un arrecife artificial para una variedad de seres vivos. Ironía que se permite el paso del tiempo.

 

Nos quedamos en la laguna de Majuro y echamos un vistazo a la isla Kolol En.
Actualmente es bajamar. Pero en los distintos niveles de inundación, las áreas parduzcas y sin vegetación del atolón se encuentran parcial o completamente en aguas poco profundas. Las partes verdes, cubiertas de maleza, se elevan solo un poco más que las parduscas.

Puedes imaginar fácilmente lo que sucede aquí cuando el nivel del mar aumenta solo ligeramente.

Kolol En está escasamente poblado y es un destino de visita de la gente local. Hemos seleccionado este video para usted porque las edificaciones y las estructuras de protección no pueden aquí obstaculizar la vista de los elementos esenciales. Hay verde. Hay marrón. Ahora la marea es baja. Pronto subirá. Solo tienes que mirar.

Ubicado frente a la pequeña isla Kolol En, del otro lado de la laguna, se encuentra la ciudad de Majuro. Sus partes más alta son como las partes verdes de Kolol En. Majuro un mundo moderno con muchas personas, hogares, jardines de infantes, escuelas, dos universidades, un aeropuerto internacional , estaciones de radio, edificios de oficinas, centros comerciales, fábricas – todos los cuales hasta hoy han sido protegido por “diques” que se construyen de vez en cuando más alto.

Todo el territorio estatal de la República de las Islas Marshall consiste en atolones de coral poco profundos. No hay una sola isla con montañas. No existe lugar alguno de refugio.

¿Qué harías?

 

Una historia de buena agua

Con nuestros talleres, siempre hacemos pequeños viajes. El viaje que se explica a continuación nos lleva a la isla de Kolol En. Acompañamos a Jina David, activista ambiental y concejal. Jina, junto con un grupo de jóvenes, probó la calidad del agua en los reservorios de lluvia de la isla y, al mismo tiempo, enseñó a los jóvenes cómo proporcionar agua limpia en el futuro. El proyecto de Jina fue posible gracias a Jo-Jikum y KIO.

 

Stewards of the Environment

Durante una semana, nuestra compañera de trabajo Christina Schulze acompañó a un equipo de investigadores dirigido por el científico Marshallese Mark Stege en su trabajo en el Atolón Maloelap. Esta semana les presentamos una pequeña película titulada “Stewards of the Environment”, que ya te da algunos de los estilos narrativos y de estados de ánimo de nuestra futura película.

Y a 13.070 kilómetros del atolón de Maloelap, el músico de  Potsdam (Alemania) Marc Schicker musicalizó el video mientras lo miraba. Esperemos disfrutes mirando y escuchando el material.

El trabajo del equipo de investigación en torno a Mark Stege ha sido posible gracias al Unitarian Universalist Service Committee y la Marshall Islands Conservation Society.

 

La cámara está grabando, sigue y sigue grabando

Fuimos a Rita. Desde allí no puedes seguir conduciendo. La carretera principal de Majuro termina aquí. Desde este punto, puedes ver las otras islas del atolón, que están dispuestas alrededor de la laguna. Nuestros participantes del taller Hanson y Ronny eligieron este lugar para sus entrevista. Ambos crecieron aquí en Rita, pero ahora viven en el centro de la ciudad de Majuro.

Instalamos el trípode, configuramos la gran Canon y verificamos el sonido. ¿Ok, está todo listo? “El audio está grabando”. “La cámara está grabando”. Vamos.

La tercera semana del taller ha comenzado. Tenemos un total de 46 participantes en 6 talleres diferentes durante la semana y las cosas se desarrollan rápidamente.

Al comienzo de cada taller damos una aportación teórica sobre los campos de la tecnología, el audio, el trabajo de cámara, el detalle de la imagen, la entrevista y otros aspectos de realización documental. Luego vamos directamente a la práctica, salimos, buscamos lugares para entrevistas, primero se entrevistan y graban mutuamente los participantes del taller. Al igual que detectives, nos embarcamos en la búsqueda de historias reales. Juntos, consideramos a quién podríamos entrevistar (fuera de nuestro círculo) para el documental sobre las Islas Marshall. Los participantes comienzan rápidamente a tomar sus propias decisiones con más y más confianza y se dan cuenta de lo mucho que ya saben sobre el manejo del equipo, pero sobre todo de su propia historia y cultura. Además de las voces de personalidades de la política y la sociedad, la educación y la ciencia, estamos particularmente interesados en escuchar y grabar las voces de las llamadas “personas normales”.

Pero hoy estamos en Rita. Hanson entrevista a Ronny, quien habla parcialmente durante la entrevista en Marshallese. Realmente entendemos algunos trozos, porque algunas palabras están tomadas del inglés. Palabras como “plástico” y “cambio climático”. Pero no es mucho lo que podemos entender.

Entrevista de Ronny y Hanson en Rita.

Para nosotros es importante que el idioma inglés no sea una barrera. Nuestro credo es que cada un@ se sienta libre de hablar inglés o Marshallese. Es importante que l@s entrevistad@s se sientan cómodos si quieren decirnos algo. Los participantes hablan ya también Marschallese y nos ayudan aunque planeamos trabajar juntos a traductores cuando empecemos con la edición del material. Ese paso será también participativo.

No sabemos todo lo que Ronny nos cuenta ese día en Rita. Pero vimos sus expresiones y gestos mientras hablaba Marshallese. Y eran insistentes. De esa forma en que la gente habla cuando tiene algo que contar. La curiosidad es dificil de contener pero pronto sabremos que nos contó.


https://upload.wikimedia.org/wikipedia/commons/0/04/Majuro_Satellite.PNG

Mapa de Majuro. El camino pavimentado lleva desde “Laura” a “Rita” y, por supuesto, de regreso. Los nombres provienen de la época del estacionamiento estadounidense, los soldados nombraron los dos asentamientos en honor a las actrices “Rita Hayworth” y “Lauren Bacall”.


Tenemos 13 participantes de la Highschool Laura. Es nuestro taller regular de los lunes.

Ellos son nuestro grupo más jóven.

Nuestro gran día: reunión inicial para los talleres

18 de Abril: Esperamos mucho este día, es el primer evento de información importante para atraer a los participantes a nuestro proyecto de cine participativo. Para esta reunión hicimos mucha publicidad por adelantado. Hemos colocado anuncios en Facebook, enviado un mensaje masivo a todos los propietarios de teléfonos celulares en la isla. El Marshall Islands Journal escribió sobre nosotros y Mark fue invitado en una transmisión en vivo en una de las radios locales. La ciudad estaba llena de volantes y habíamos logrado un muy buen boca a boca. Ya somos conocidos en la isla principal Majuro como perros coloridos (ver también nuestra última entrada en el blog).

Pero ¿cuántas personas vendrían a nuestra reunión? No podiamos decirlo con certeza y solo nos quedaba esperar lo mejor.

La Universidad de las Islas Marshall (CMI) nos cedió un aula que ocuparíamos de las 10 a las 12 del medio día. Los primeros participantes llegaron antes de las 10 y los saludamos con alegría. La noche anterior hubo un corte de energía eléctrica prolongado y ya llovía toda la mañana, comenzaríamos más tarde. Conseguimos bebidas y aperitivos para acortar el tiempo de espera.
La sala se llenó lentamente y pudimos comenzar. Abrimos la reunión junto con Jina David como representante de nuestra organización asociada Jo-Jikum, quienes son activos en el campo de la educación y el cambio climático. Estamos muy agradecidos de tener a nuestro lado a Jina David porque nos apoyó mucho desde el primer día de llegada y nos hicimos amigos. Estamos felices de trabajar con él y con Jo-Jikum.

No nos decepcionó, hubo un total de 26 interesados, entre los cuales se encontraban representantes oficiales de la universidad y estudiantes, miembros de varias ONGs, así como personas interesadas en la producción cinematográfica. Les presentamos el enfoque de la cinematografía participativa, explicando cómo serán los talleres de rodaje, entrevista y la edición. Como ejemplo de un proyecto de este tipo, mostramos extractos de nuestra primera película documental participativa, Sachamanta. Hubo mucho interés y la gran mayoría después de la presentación se anotó en la parrilla de horarios para concretar los próximos talleres. Después del evento, recibimos más mensajes por correo electrónico o por Facebook de personas que nos indicaron sus franjas horarias específicas para poder participar en los talleres. También ell@s serán parte de este proyecto. Nos alegramos muchísimo del trabajo con los grupos en los talleres, las historias y el aprendizaje en común. Ya que en definitiva serán los habitantes de las Islas Marshalls quienes ayudarán a dar forma y llevar adelante este documental.

Como perros de colores

Mucho ha sucedido desde nuestra última noticia.
El 2 de abril nos entregaros las visas y estas son por un año. Yippiiii !!!
A partir de ahí pudimos comenzar realmente con nuestro trabajo. Están sucediendo muchas cosas en este momento. Hoy queremos contarles brevemente sobre el evento más grande que se avecina, donde actualmente estamos trabajando a toda velocidad.

Junto con Jo-Jikum*, estamos organizando la primera reunión pública para el 18 de abril, a la que hemos invitado a todas las partes interesadas para los talleres. Informamos en toda la región a través de Facebook. También enviamos mensajes de texto en masa a través de la compañía telefónica nacional NTA y distribuimos folletos en todo Majuro. También hubo un artículo en el periódico semanal sobre nuestro proyecto.

Ayer Mark dió una entrevista en una de las tres estaciones de radio locales. La experiencia fue nuevamente abrumadora. En consonancia con las estaciones de radio locales en América Latina, el público envió mensajes a través de sus teléfonos móvil o por Facebook o llamó directamente para obtener más información.

Por supuesto que estamos esperando la reunión. Hasta entonces, solo podemos adivinar cuántas personas vendrán y cuántas participarán realmente. En las próximas semanas comenzarán los primeros talleres. Los comentarios que hemos recopilado hasta ahora nos muestran un gran interés en el proyecto y un gran interés en ayudar a darle forma.

En cualquier caso, ya somos conocidos como perros de colores.
Enviamos saludos de solidaridad y paz desde el otro lado del mundo.

*Jo-Jikum es una organización sin fines de lucro con sede en las Islas Marshall. Se dedica a empoderar a los jóvenes Marshallesen para buscar soluciones a los problemas ambientales que afectan a sus islas: http://jojikum.org

Primer día de rodaje: Perdonar pero no olvidar – las pruebas de bomba nuclear de los Estados Unidos en las Islas Marshall

Las bombas nucleares fueron la primera amenaza seria a la existencia de las Islas Marshall. 67 (en palabras ¡sesenta y siete!) para ser precisos. La fusión nuclear y las bombas de fisión nuclear de los Estados Unidos detonaron en partes de “su” antiguo territorio de fideicomiso de la ONU. Muchos dicen aquí que la nueva bomba que amenaza hoy a las Islas Marshall no será menos destructiva que aquellas. Están hablando del cambio climático. No contaminará la tierra. Lo devorará.

Poco antes de las ocho de la mañana nos ponemos en camino a nuestro primer día de rodaje en las Islas Marshall. Nos encontramos en el atolón de Majuro. Apenas nos sentamos en el taxi comienza una fuerte lluvia tropical. El típico cartel de taxi que va en el techo está en baul. Mark está manejando.

El día anterior, le habíamos pedido a un taxista que nos recogiera a la mañana siguiente. Su reacción fue inesperada. Nos propuso que nos alquilaba el taxi por un día, pero sin él. Él dormiría y podríamos conducir el tiempo que quisiéramos. Un buen acuerdo para ambas partes. O tal vez no. Mark está cansado, maldice. “¿Qué tipo de auto es este?” El freno de mano está atascado. La palanca de cambios automática también. Al menos, el aire acondicionado funciona.

Por lo menos ahora tenemos un auto. La cálida lluvia es cada vez más fuerte y convierte la carretera principal, que recorre a Majuro de una punta a la otra en un río embravecido. Nos preguntamos si la lluvia siempre ha sido aquí tan fuerte. En Kiribati nos dijeron, que la lluvia que tanto falta por esos pagos, cae en otros pero con más intensidad.

Pasamos casas a nuestra izquierda y a nuestra derecha e inmediatamente más allá de ellas vemos el océano agitado de un lado y la tranquila laguna azul gris del otro.

Buscamos el lugar donde las personas se reunirán para la marcha por la paz en el aniversario de la explosión del “Castillo Bravo”. Fue la bomba más grande jamás detonada, una bomba de fusión que según los observadores les había hecho sentir como si la boca al infierno se hubiera abierto.

March 1 of each year, they commemorate the victims of US atomic bomb tests conducted between 1946 and 1958 in the Marshall Islands.

Con insondables 15 millones de toneladas de TNT explotó el 1 de marzo de 1954 en atolón de Bikini. La fuerza de la explosión y la expanción radiactiva golpearon violentamente a los habitantes de las islas circundantes. La gente murió, se enfermó y tuvo que abandonar sus islas de origen para siempre.
El 1 de marzo de cada año conmemoran a las víctimas de las pruebas de las bombas atómica de EE. UU. que fueron realizadas entre los a
ños 1946 y 1958 en las Islas Marshall.

A nadie le gusta estar en la calle con semejante tormenta. Las direcciones vagas que habíamos obtenido el día anterior nos llevan a especulaciones descabelladas y solo cuando cruzamos por completo el lugar por tercera vez, descubrimos una clase de una escuela, que está en camino a la conmemoración.

Seguimos el autobús escolar. Cuando llegamos, ya se encuentran concentradas varias clases de otras escuelas y una banda con instrumentos de viento y redobles esperando. También activistas y sobrevivientes de los ensayos nucleares y sus familiares están allí. La lluvia ha disminuido un poco. Comienza. Nos posicionamos con la cámara, el equipo de grabación de sonido y un paraguas en la franja que se encuentra en el medio de la calle y filmamos la marcha mientras pasa a nuestro lado. 

La marcha termina frente al edificio del parlamento en ‘town, town’, como llaman aquí al centro de la ciudad. La mayoría de los asistentes a la ceremonia son niños, acompañados por algunos maestros. En realidad, hoy es feriado escolar. Pero es como en todas partes del mundo en este planeta azul. Darse un baño por la tarde tiene su precio: participar al día de conmemoración. Se ha preparado una tarima con un atril y espacio para los invitados “importantes”. 

Los escolares encuentran espacio en tiendas adyacentes. La alcaldesa de Majuro, la embajadora de los Estados Unidos, un representante de la ONG “Movimiento libre de armas nucleares”, un representante de los cuatro atolones afectados y la presidenta de las Islas Marshall Hilda Heine dan sus respectivos discursos. En el medio, una banda de ukelele toca música tradicional.

Una y otra vez nuestra cámara se apaga. Desde que las nubes de lluvia se han vuelto más delgadas y un sol ecuatorial calienta el equipo a través de las nubes grises restantes, la Canon llega rápidamente a su límite. Pensamos que tendremos que comprar una nevera para enfriar la cámara para cuando la utilicemos. Pero aún no lo tenemos. Mark solo puede grabar entre unos cuatro minutos y unos veinte segundos, antes de que el apagado automático de emergencia se ponga en acción. Mark se concentra en lo más importante, maldice de cuando en cuando pero sigue filmando en cuanto la cámara se lo permite.

Apartada a un costado del escenario oficial desde donde los oradores importantes hablan, se encuentra sentada una mujer triste que ha estado sosteniendo una foto durante mucho tiempo. Sus brazos ya están temblando. Pero ella no cede. Es importante que todas las personas vean la imagen. También nuestra cámara. Mark asiente con la cabeza a la mujer y susurra las palabras con sus labios “¿Puedo?”. Ella asiente. La foto muestra a Lemeyo Abon.

Lemeyo Abon fue una de las últimas sobrevivientes de las pruebas de la bomba nuclear, murió poco antes de la ceremonia el 19 de febrero a la edad de 77 años. De niña, fue testigo de la explosión del “Castle Bravo” en la isla Rongelap, a solo 200 km del atolón Bikini. 

“Cuando tenía 13 años, la bomba de hidrógeno Bravo explotó en la isla próxima isla. Era temprano en la mañana y nos encontrábamos preparando el desayuno fuera de la casa. De repente, una luz deslumbrante iluminó la zona y el cielo se volvió rápidamente rojo. Oímos un sonido muy fuerte, “BOOM!”, Y el suelo comenzó a temblar violentamente. El techo se voló y una cantidad de árboles de coco se cayeron. Tuve miedo”. recuerda Lemeyo en el libro de Hanyuda Yuki ‘Longing for My Home Island’.

El libro cuenta la historia de su vida, como símbolo de toda una generación. Ella misma se enfermó de la radiación nuclear, experimentó la reubicación en Kwajalein y el regreso fallido a Rongelap, porque, contrariamente a las previsiones de los Estados Unidos, las islas están contaminadas hasta hoy y, por lo tanto, son inhabitables. En realidad, porque a pesar de la radioactividad, algunas personas viven allí de nuevo. Lemeyo habló con medios de prensa internacionales, viajó a reuniones de la ONU para hablar sobre los efectos de las pruebas nucleares.

Lemeyo acusa a los Estados Unidos de utilizar a los isleños como conejillos de indias para estudiar el efecto de la radiación nuclear en los cuerpos humanos. Ella ha trabajado incansablemente para asegurar que la historia de la gente de las Islas Marshall no sea olvidada en todo el mundo. Hoy, en el 64 aniversario de la explosión del Castle Bravo tendrá lugar su funeral en círculo familiar.

Entre tanto, las nubes han desaparecido por completo y el sol golpea sin piedad en la plaza frente al parlamento. Hace calor. Mucho calor. Inimaginablemente caluroso desde una vista europea. Los escolares algo impacientes sostienen globos blancos en sus manos, y de vez en cuando uno de ellos se eleva en el cielo. Demasiado temprano. Lo dejó volar. No prestó atención. Pero luego llega el momento. Al final de la conmemoración los niños pueden soltar sus globos. El ahora brillante cielo azul se llena de puntos blancos. La multitud se disipa. Ha finalizado.

Para nosotros el día no ha terminado todavía. Vamos al encuentro con Alson, un ciudadano del atalón de la isla Bikini. Lo que nos dijo, fue muy conmovedor y les contaremos al respecto en nuestra próxima publicación.

Ti a boo – adiós

Solo medio año atrás marchaba todo bien. Nos encontrábamos en medio de los preparativos para nuestro proyecto cinematográfico en Kiribati. Teníamos una autorización de la oficina del presidente con buenas perspectivas para un permiso de rodaje y visas de largo plazo. Poco antes de Navidad (todavía estábamos en Alemania) recibimos el mensaje de que nuestra habilitación había sido abolida y nadie podía decirnos cuánto tiempo duraría el trámite hasta recibir una respuesta. Decidimos volar de todos modos y aclarar todo desde Kiribati. (Enlace a nuestra primera publicación de blog)

¿Qué sucedió desde entonces? De repente, nos encontramos en una misión diplomática. Explicamos a cada una de las personas nuestro proyecto y nuestra situación. Todos nos escucharon con interés y nos dijeron que lo lamentaban mucho; que no podían entender en absoluto lo sucedido. Nos presentamos ante todo tipo de instituciones, hablamos con senadores y secretarios de estado. Sin éxito. Estuvimos en contacto estrecho con la oficina presidencial y, a sugerencia suya, escribimos una carta larga en la que volvimos a detallar nuestro proyecto. A cual no hemos todavía resibido respuesta alguna.

Nos encontrábamos atrapados en una red de complicaciones políticas que poco tenían que ver con nosotros. Pero que nos impidía realizar nuestro proyecto cinematográfico participativo en Kiribati tal como lo habíamos planeado. Solo que nadie nos lo diría explícitamente. Nos decían que esperáramos. Y nos decían otra vez que esperáramos. Estábamos esperando en el lugar correcto en el momento equivocado.

Nuestro enfoque de trabajo convencía a todos, hasta a nivel gubernamental, aunque a veces con esfuerzo. Aún así, todos estaban muy cautelosos. Eran demasiadas las experiencias desagradables con cineastas y periodistas extranjeros, que llegaron con ideas preconcebidas en Kiribati, con historias hechas desde la distancia y solo en busca de imágenes que las ilustraran y sin ningún tipo de interés en enterarse lo que realmente en Kiribati es importante de contar. Vinieron con sus guiones listos, escritos en dos semanas y filmados en solo una. La historia más espeluznante fue la de la oficina japonesa de la ARD, que quería filmar a un pescador que tenía que haber estudiado en el Centro de Entrenamiento Marino en Tarawa y que regresara a su isla natal en un pequeño catamarán tradicional. Solo buscaban a la persona adecuada. Una lástima que esos barcos rara vez sean aptos para alta mar, estén pasados de moda en Kiribati y, sobre todo, que no se encontrara ningún pescador como ese en la escuela de marina.

Así que estábamos progresando. Sentíamos el viento en nuestras velas. No traíamos ninguna historia prearmada en nuestras cabezas, le dijimos al gobierno. También que en nuestros talleres, queríamos inducir a la gente de Kiribati a contar sus propias historias de las cuales no sabíamos nada y que no podíamos conocer hasta que las escucháramos.

Parecía una buena estrategia y era la verdad.

Es ahí cuando sucede algo que hizo de la verdad un mal argumento y le quitó al -ya casi complaciente- gobierno todo tipo de interés en la idea de que la gente de Kiribati misma fuera la que contara lo que les era importante y verdadero.

Un ferry se hundió en el camino de Nonouti a Tarawa. Casi cien personas buscaron refugio en los pocos botes salvavidas y se ahogaron o murieron de sed o de calor abrasador durante seis agonizantes días en el océano abierto, mucho antes de que las autoridades tuvieran siquiera una idea del desastre.

La crítica al gobierno se hizo fuerte. Una manifestación fue disuelta por la policía, la gente fue rápidamente removida del lugar y colocada bajo arresto domiciliario. Pero el gobierno no pudo callar a las redes sociales. La gente leyó y discutió los informes y declaraciones oficiales sobre las causas del desastre en Facebook. Se trataba ni más ni menos de los pagables pero faltantes detectores de posición en los ferrys, el ruinoso estado de las embarcaciones, que sin embargo están en uso y el rotundo fracaso de un gobierno que no aplica las leyes sobre medidas de seguridad que se vean hermosas en el papel, pero nunca se implementan en la realidad.

Abflug Tarawa Atoll

Bajo el trasfondo de estas nuevas circunstancias, nuestro enfoque participativo ya no encajaba. El gobierno temía fuertes críticas de la población. Un equipo de reporteros de Nueva Zelandia que querían hacer una nota sobre el accidente del Ferry fueron obligados a eliminar sus datos, es decir, entrevistas y fotos. Una y otra vez, se les preguntó si escribirían sobre el cambio climático. La situación política se está agudizando en Kiribati, el nuevo gobierno quiere establecer su poder y trata de aislarse al exterior. L@s periodistas tienen que irse, los equipos de filmación del extranjero ya no obtienen los permisos de rodaje y / o no se les permite ingresar. Incluso en la radio, se pidió a la población que informara a la policía si veían turistas con cámaras filmando. En más de una ocasión mientras tomamos fotografías, se nos preguntó ¿quiénes éramos?, ¿qué hacíamos aquí? y ¿si teníamos un permiso para filmar? La policía se preguntó a la persona que nos alquiló la casa sobre nosotros. Entrevistas a ocultas estaban fuera de discusión. Por un lado porque no hay lugares secretos y solitarios en la isla principal en South Tarawa. Por otro lado, no queríamos que nuestros amigos y conocidos y activistas de concientización al cambio climático, quienes les hubiera gustado mucho trabajar con nosotros, tuvieran problemas.

No veníamos preparados al cambio de línea política en Kiribati. El objetivo de este proyecto es uno muy diferente, es decir, no trabajar en secreto, sino crear el más alto nivel de publicidad, invitar a las personas a participar en nuestros talleres y desarrollar las ideas para la película junto a ellos. En un clima de creciente miedo e incertidumbre persistente, eso no fue posible.

Nos seguían haciendo esperar indefinidamente a un giro de cientoochente grados respecto de nuestro permiso de rodaje. Nos quedaban pocos días y nuestras visas de turista expirarían. Por lo que tomamos la decisión de desarmar carpas he irnos de Kiribati. Nos mudamos a las Islas Marshall. Otra pequeña nación insular en el medio del vasto Pacífico Sur, también amenazada por el cambio climático, a la espera de un destino similar al de Kiribati. Pero con una diferencia clave: la gestión actual de gobierno es abierta respecto a los efectos del cambio climático. Y también aquí existe una fuerte base de movimientos sociales que se preocupan y ocupan en la temática.

Ankunft auf Majuro

A pesar de las experiencias desafortunadas en Kiribati, no consideramos nuestras siete semanas como tiempo perdido, muy por el contrario, estamos muy agradecidos por las experiencias. Estamos felices con los muchos encuentros pequeños y grandes con personas, que nos permitieron conocer la cultura y la política de este estado insular. Mark capturó algunos de esos momentos en su blog de fotos. (Kameradist Wagner) Nos sentimos siempre bienvenidos en cada encuentro y el interés en el proyecto fue grande. Tenemos la esperanza de que el gobierno repiense su posición y así poder regresar a Kiribati en un futuro no muy lejano para poder filmar también allí.

Queremos agradecer a todos nuestros amigos de Kiribati por su cordialidad, calidez, confianza, franqueza, por las bromas y risas compartidas. ¡Los extrañaremos muchísimo! Kabuta, nunca dejes de tocar la guitarra y cantar, incluso cuando seas un pastor viejito. Abe, un día serás el presidente y luego un gato muy, muy viejo sin cola será tu conserjero. Kataunati, seguro iras al mar y conocerás el mundo. Oye, y Aurora: lo lograrás y Abe te ayudará.

Kam bati n rabwa

„Friendlist people in the pacific.“

(¡Gracias a todos!)

Texto y Fotos: Christina Schulze

Abatao

Oficialmente hablando seguimos de turistas y así nos alcanza otro fin de semana. Es así que ante esas condiciones hacemos un tour cultural y visitamos esa parte de la isla.

Abatao es la segunda isla del norte de Tarawa y la primera a la que no se puede llegar cruzando un puente. Se la cuenta ya como una Outer Island. Es así que es un saborcito previo a las otras islas que pertenecientes a Kiribati y que nos quedan mas lejos.

Los tiempos de la marea no nos permiten cruzar por la laguna con un bote, pero nos vienen a buscar con un pequeño bus y emprendemos el camino hacia el norte de Tarawa. La ruta ya nos es muy familiar. Pasamos el aeropuerto de Bonriki y seguimos camino al norte atravezando el puente mas que dudoso en su seguridad llegando a Buota, la primera isla del norte de la isla. Entre tanto ya tenemos marea alta. Niño y jovenes utilizan el puente como trampolín al agua, esquivando el alambre de pua que se implementó para evitar esas actividades. Todos estan de muy buen ánimo, es fin de semana, dia de diversión.

Seguimos camino por un camino de arena atravesando un pueblo pequeño. Las casa acá son construidas tradicionalmente y entre las casas hay mucho mas lugar en comparación con el sur de Tarawa al que ya estamos acostumbrados. Nos detenemos frente a una Mwaneaba (casa de reuniones). Allí vemos grupos de mujeres de todas las edades sentadas en grupos y realizando trabajos de tejido. Tako nuestra guia, nos aclara que lo hacen acá para mostrarnos a nosotros lo que sinó hace cada una en su casa. “Para mostrarnos“. Me invade un sentimiento de incomodidad que descubro en las caras de mis compañeros de grupo. Son exactamente estas situaciones construidas las que no queremos. Pero ya estamos acá y nos esforzamos en romper la distancia entre nosotros como turistas y los/las otras como originari@s/desconocid@s.

Me siento junto a una mujer que hace hilado de la paja de la planta de cocos y trato de hacer lo mismo. Trato primero sin exito pero la sonrisas y risas del grupo me alientan a seguir. Froto girando el hilado entre la mano y la parte baja de mi pierna. Luce tan sencillo. Lo intento una y otra vez y al final lo logro.
Mi curiosidad ayuda a quebrar el hielo. Empezamos a conversar y antes de lo pensado ya no soy una observadora más. Me fascina ver cómo producen todos los artículos necesarios de los materiales existentes de una manera simple pero sofisticada, ya sea un techo hermético hecho de hojas de pandanus, las cuerdas hechas de paja de coco o los más diversos tipos de mimbre para esteras/colchonetas con diferentes especificaciones.

Desde el otro lado de la Mwaneaba escucho las risas en torno a Maira. Le hicieron juguetes con hojas de palmera: un pájaro, un par de anteojos, un cubo, un reloj de pulsera y una corona. Nos dicen que a los niños aquí no les compran muchos juguetes y que juegan con lo que hay y lo que está hecho con mucha imaginación. Maira sale rica en regalos y todos se despiden riendo “tia boo” (pronunciado: [saboo] = adiós).

Seguimos viaje a la canoa, que nos cruzará a Abatao. Hoy hay mucho tráfico. Sobre la pequeña canoa vemos como van cargando muebles y bicicletas. Increíble, todo lo que se puede transportar en ella. Pronto llegará nuestro turno y nos sentaremos sobre los tablones con las piernas colgando en el agua y disfrutamos del cruce.

Después de un breve paseo entre árboles y arbustos, nos esperan dos sorpresas. Una granja de mejillones. Pero no se trata de nutrición, sino de una rara especie de caparazón conservada por su belleza y exportada desde este pequeño lugar a todo el mundo para decorar acuarios. Los más pequeños son tan grandes como una uña las mas grandes como un ladrillo de construccion y más. Todos ellos brillan entre sus caparazones en una variedad de tonos de verde a azul a la más profunda de color púrpura.

A un lado, brilla un pequeño lecho de tomates, algunos ya rojos. Un tesoro aquí en las islas y los adultos tenemos que conformarnos con la vista, pero Maira recibe un tomate y claramente lo disfruta.

Pasamos la tarde nadando y comiendo en un lugar donde ya habíamos estado independientes hace unas semanas y que se acerca mucho a la idea que tenemos todos de un lugar paradisíaco del mar pacífico. Cerca del mar, con playas de arena blanca, bajo palmeras y árboles de frutos variados, siempre rodeado por uno viento fresco. Entramos en conversación con TaKo sobre otros temas más allá del turismo.

Para finalizar caminamos juntos por el pueblo adyacente de Abatao. Una y otra vez escuchamos: “Mauri Mauri” y breves bromas y charlas. Tako es conocida aquí.

Desde la copa de un árbol, nos despiden. Vamos a volver pero no como turistas.

(Text: Claudia Skodda, Foto: Mark Uriona)

An too y aplaudir tres veces

Es sábado a la tarde.
Desde el momento en que llegamos, fuimos conociendo mucha gente y en este corto tiempo también hemos estrechado amistades. Una de esas amistades es Kabuta, un estudiante a Pastor, al que le gusta fumar y tomarse alguna que otra cerveza y que nos invita a que vayamos con él a tomarnos un Kawa. Y hoy ha llegado el día.

Antes charlamos en el grupo quien se quedaría con Maira y Christina prefiere quedarse en casa. Lo que a Mark y a mí nos viene al dedillo, ya que una experiencia como esta no queremos seguir postergando. Sobre todo que el Bar Kawa está muy cerca de nuestra casa. Apenas unos 200 metros de distancia.

Kabuta nos viene a buscar a eso de las 7 de la tarde. Primero cenamos juntos. Luego tranquilos nos ponemos en camino.

El Kawa-Bar es una casa sencilla. Discreta. O no. Solo algunas girnaldas de luces y flores la diferencia de las demas casas. Somos los primeros en llegar. Kabuta y una de las personas de la casa extienden unos felpudos*. Otro comienza con la preparación de la bebida.

Nos sentamos en rueda. Nos traen y colocan en nuestro centro un recipiente de plástico con un líquido que tiene un aspecto similar a la arcilla de curación. Un cucharón y una tazas de plástico para cada uno de nosotros. Grabo todo desde los preparativos con una de nuestras cámaras pequeñas y seguiré grabando de tanto en tanto en las próximas horas

Kabuta nos aclara: Al comienzo de la ronda dice una de las personas “an too” y dodos golpean las manos tres veces. Como en otros paises se dice salud! O chin chin. El ritual de Kawa es una tradición de Fiji. La copa se vacía de una sola vez, y sabe como luce, la lengua y el paladar se entumecen ligeramente y por un corto tiempo.

El bar se llena. Varios grupos forman nuevos círculos.
Una y otra vez escuchamos a an too! Clap, clap, clap.
Aparece una guitarra. Con solo 5 cuerdas. Típico aquí. ¿Por qué? La explicación se las debo, pero se los contamos en cuanto lo sepamos.
Uno de ellos toca. Todos cantan, a menudo en múltiples voces. Suena perfecto y sin embargo espontáneo.
Nosotros tocamos y cantamos también.
Una fiesta
Una experiencia difícil de describir.

Nos miramos y entrecambiamos un par de oraciones breves: Hemos encontrado la música para el documental. Aunque esta no sea la música que se escuchará todo el tiempo en la película, sin duda encontramos a los músicos.
Y acá les damos una pequeòña muestra de ello.
Claro que no grabamos mucho y solo con nuestras camcorder, como es sabido todavía estamos de vacaciones 😉

Relación de indeterminación

Era marea baja y salimos con el grupo laguna adentro. Fijamos en el horizonte a tres niños como puntitos en la distancia. Estaban arrodillados en la parte mas alta de la laguna casi sin agua. Con ellos tenían unos recipientes de plástico. Queríamos ver de cerca lo que hacen, decir “Mauri“ y sacar un par de fotos. Cuando llegamos vimos que escababan en arena blanda bucando almejas y de vez en cuando se refrescaban en los pozos de las aguas bajas color turquesa. El mayor de los tres sería de unos siete años. El menor quizás cinco.

Saludamos con “Mauri“ y no recibimos ninguna respuesta. Solo uno de los niños nos sonrie de oreja a oreja. Nos agachamos y comenzamos también a buscar. Viviana y la pequeña Maira encuentran una pequeña conchita de mar.

El mayor de los niños y el más dedicado en la búsqueda nos tira una almeja más grande de la que encontramos. Quizás como recompensa. Quizás como motivación. Agradecemos y seguimos escabando en silencio. Los niños no hablaban inglés. Nosotros no hablamos Kiribati. La marea alta se va acercando. Era tiempo de irnos. También para ellos. Christina y Claudia ya estaban en la orilla de la laguna. El agua seguía subiendo. Mark las sigue con la Nikon al hombro. Yo lo sigo con Maira en los brazos. Los niños emprenden también el camino de regreso. El suelo estaba lleno de piedras de coral y almejas filosas. Los seguimos a los tres sintiendo el suelo despacio antes de pisar fuerte, buscando las partes suaves del suelo. Pronto llegaremos a la costa. No habia peligro.

De repente y a los lados de la elevación arenosa donde nos encontrábamos, y con poses impresionantes, cayeron en las aguas más profundas hacia atrás y hacia adelante, se sumergieron, contuvieron la respiración, se sumerjieron y reaparecieron riéndose.
El mas pequeño de los tres pataleaba agitado en el agua. El mayor nadaba a su lado y se reía a carcajadas. Mark se detenia camino a la costa y nos grita algo indecifrable y regresa a donde nos encontrábamos. El tercero de los niños se sumerje. Se sumerje demasiado tiempo. Gunnar pesca por así decirlo al que pataleaba y lo carga en sus brazos. El pequeño estaba en pánico pero estaba bien. Yo sigo mirando al que está sumerjido. Los segundos se estienden. Algo estaba pasando con el tiempo. Ya no tenía ninguna relación. Nada tenía ninguna relación. Le tomo a Gunnar el pequeño. El agua ya estaba a un metro y medio. Cargo al pequeño en un brazo en el otro sigo cargando a Maira y me arremeto lo más rápido posible hacia la parte más alta del lugar en donde nos encontrábamos, mientras Gunnar se apura en sacar al niño sumerjido.

Coloco a los dos en el suelo de corales. El agua nos llega aquí solo a los tobillos. Se aferran a mis piernas. Veo que el tercero de los niños llegaba a la orilla de la laguna. Al parecer sabía nadar. Pero el niño que Gunnar traía en sus brazos respiraba o demasiado poco o ya no respiraba más. De su boca y nariz salía una espuma blanca. Los ojitos miraban la nada. En nuestra burbuja del tiempo perdido sacudiamos al niño, presionábamos sobre su pechito y su espaldita. Mas espuma salía de su nariz. La respiración se volvía mas fuerte oder empezaba por fin. Mark alcanza la pequeña isla donde nos encontramos. Toma al niño en los brazos, lo sacude otra vez mientras Gunnar presiona su pechito. Mas espuma. No teníamos lugar. No podíamos ni recostarlo para reanimarlo ni darle respiración pero ahora con tres adultos podíamos llegar a la orilla.

Gunnar sacude al niño nuevamente del que sigue saliendo espuma de la nariz y pronto comienza a llorar como un niño durmiente. Estaba con vida. Está con vida. Pero quería dormir y Mark que va destrás de Gunnar comienza a darle al niño en las mejillas. “Wake up!“ le grita. Y “Don’t you sleep!“ llegando a las orillas de la laguna grita. “We need help. Get us fresh water!“
Dos lugareños nos habían alcanzado en el agua unos metros antes de la orilla. “No te duermas” le dicen a la pequeña cabecita sobre el hombro de Gunnar

En la orilla nos esperaban unas 40 personas. Nos llegan tres botellas de agua helada. Gunnar se arrodilla exausto con el niño sobre sus rodillas. El niño no quiere beber. Mark le vuelca agua helada sobre la cabeza y la nuca, el que produce una reacción y exala por fin y con ella una mezcla de agua salada y espuma sale expulsada en caudal de su pulmones. Todos y todas gritan de alegría sobre la cantidad de agua que escupe. “Mirá, el niño respira de nuevo” me dice Maira. La tenía tan agarradita en mis brazos.

Mas tarde nos curábamos las heridas ridículas de los pies. Camino a la orilla no nos cuidamos más ni de las piedras, ni de las almejas. Escuchamos la sirena de una ambulancia.

¿Qué hicimos? Los tres salían seguro cada día en marea baja a jugar, a buscar almejas a lo que sea. Aunque no supieran nadar, el mar no les es desconocido. En nuestro grupo son los tres tema constante de charla. Nosotros los pusimos en peligro. Por nosotros sobrepasaron los límites de lo que pueden y saben hacer. Nosotros fuimos los que molestamos la paz de su mundo, la concreción de una relación de indeterminación, que no te permite observar nada, sin que eso no sea estorbado y sin saber si ese estorbo al final será bueno o malo.

Fue la primera gran lección. En general. Para nosotros, acá en este lugar. Tendremos que ir mucho mas cuidadosos en nuestras acciones con las personas que como documentaristas admiramos y no debemos poner en peligro.

En principio: de vacaciones

El 4 de Enero del 2018 llegó nuestro pequeño grupo de trabajo del proyecto Kiribati al aeropuerto también pequeño de Tarawa. Luego de un viaje de 3 días llegábamos por fín.

Mientras la máquina aún se encontraba en el aire, aplastábamos nuestras narices a las ventanillas.
En medio del mar Pacífico sin fronteras, de un color turquesa indescriptible y que desde horas sobrevolábamos se pudo ver de pronto un poco de tierra. En forma redonda se iba ordenando una pequeña formación de archipíelagos provenientes de una caldera que en tiempos remotos perteneció a un volcán. Inimaginable que allí abajo hubiera lugar para aterrizar el avión. Pero sí lo había y aterrizamos con bastante ruido por así decirlo. El calor ardiente atravesó las puertas recien abiertas. Luego de haber cruzado a pie la pista de aterrizaje y de haber llegamos frente a la barra que cumplía el papel de ingreso o no a Kiribati, comenzaron los jóvenes empleados de migraciones a hablar por teléfono. Desde la oficina del presidente se comunicaba: „manden a todos de regreso a Fiji.“

¿Qué había pasado?

Ya a comienzos del año 2017 habíamos enviado los papeles correspondientes a nuestro trabajo.
La oficina presidencial nos habia remitido una “Clearance“, en la que se recomendaba a cualquier persona de las Islas apoyar nuestro trabajo. Con esa base de una carta tan amigable, conseguimos dinero para el proyecto, recibimos el apoyo del ministerio del exterior de Alemania y del consulado de Kiribati, compramos el equipo, compramos los pasajes de vuelo y presentamos los papeles a la oficina de migraciones de la República de Kiribati para recibir la visa de trabajo por 10 meses.

Unos días antes de navidad nos informa el Ministerio por correo electrónico que nuestro ”Clearence“ era válida solo para tres de cuatro de las personas de nuestro grupo (entre tanto se había sumado a nuestro grupo Christina y eso lo habíamos comunicado a las autoridades correspondientes) y que por esa razón las visas para nosotros se volvían imposible. Ante esa situación le pedimos a la oficina presidencial que nos cambiara la “Clearance“. La reacción a nuestro pedido fue la información que la “Clearence“ también habia sido abolida. Nos enteramos por amigos/as de Kiribati que la política del gobierno actual había cambiado. Luego de una cantidad suficiente de malas experiencias con creadores cinematrográficos extranjeros, se le pidió al ministerio de justicia trabajara una nueva ordenanza para la acreditación en ese ámbito de trabajo. Situación que puede tomar su tiempo.

¿Qué hacer? Nuestros vuelos ya habían sido comprados. Nuestros departamentos subalquilados o dados de baja. Las vacaciones no pagas del antiguo puesto de trabajo de Claudia ya habian comenzado y solo durarían 10 meses.

Así que volamos. Amigos, que mas tarde encontraríamos en Tarawa, nos confirmaron, que ese fue el único camino correcto ha seguir. El lema es “Vé y habla con la gente. Nadie se convencera atravéz de un correo electrónico. Pero todos te escucharán, cuando estés delante de ellos.“

Y sí, volamos: doce horas desde Düsseldorf a Singapore. Luego de ocho horas de espera casi la misma cantidad de horas de Singapore a Fiji y desde allí tres horas ha Tarawa y casi la misma cantidad de regreso a Fiji, si es que nos hubieran deportado.

El joven empleado de migraciones lucia incómodo con la orden de la oficina presidencial. Nos miraban preocupados y discutian entre ellos de manera agitada. Le trajeron agua fresca a Maira (4 años) y siempre había una llamada telefónica de por medio. Siempre. Hasta que repente se nos comunicó que nos podíamos quedar pero que al día siguiente teníamos que presentarnos todos a las 10 hs. en punto en la oficina de migraciones. Con quién hablaron y quién nos habrá protegido, es algo que hasta el día de hoy no sabemos.

Amigos de Kiribati esperaron pacientes dos horas delante del aeropuerto bajo un calor ardiente. En Konvoi nos transportaron atravez de un día resplandeciente hasta la casa que alquilamos y que nos esperaba a la sombra de las palmeras de cocos. Todo el viaje hicieron chistes y rieron mucho. Acababamos de aprender la primera lección importantísima: paciencia. La segunda lección acá sería también la última: Es importante que nos manejemos con respeto y de forma amigable. Así será también como se comportaran con nosotros.

Armados con esas dos lecciones fuimos al día siguiente a la oficina de migraciones y así lográbamos un paso más. Nos podíamos quedar- como turistas, hasta que nuestro permiso de trabajo fuera descidido.

Y así es que estamos obligados ha hacer vacaciones en el paraiso. Cosa que en realidad era el plan. Cuando Maria desde la producción nos mandaba de viaje, nos decía: “utilicen el primer mes para llegar. Se tienen que aclimatizar no solo a las temperaturas sinó también a las costumbres. Hablen con gente. Averigüen que necesitan y quienes tendrían interes en participar de los talleres. Tejan red. Encuentren amigos/amigas en esta ruta.“

Y eso es lo que hacemos en estos días. Y nos llena de emosión ver y refleccionar con cuanta amistad y disposición de ayuda nos encontramos en cada charla que cada uno/a de nosotros hace día a día. Un paar de fotos e historias de estas vacaciones forzadas subió Mark Uriona a su Blog. Klick!

Ni un paso atrás

es el proyecto actual que estamos llevando adelante en cooperación con estudio Kalliope y de forma participativa con la población de las islas de la República de Kiribati.

Kiribati es un estado ubicado en medio del mar pacífico que consiste en muchas islas pequeñas que están en peligro de extinción por el crecimiento del nivel del mar y que, según expertos, para los años 2060 habrán desaparecido. Las emisiones causadas por las industrias del mundo moderno, industria que nunca se desarolló en Kiribati en sentido estricto, van a hacer desaperecer poco a poco no solo una cultura histórica sino también innumerables pequeños lugares personales símbolos de hogar y familiaridad.

La “desaparición“ de una civilización no es solamente un acontecimiento local sino un llamado de emergencia para todo el planeta. Las amenazas que recaen sobre Kiribati son un ejemplo elocuente de los efectos que desata el calentamiento global a nivel planetario con el consecuente derretimiento de las masas de hielo y el aumento del nivel del mar.

Con “Kiribati- ni un paso atrás“ queremos hacerle frente a los que niegan un cambio climático y demostrar que es urgente repensar esa posición y ponerse en acción.

Partiendo de esas convicciones es para nosotros particularmente importante no venir a Kiribati como cineastas del primer mundo y hacer una película sobre los afectados. Perseguimos un concepto participativo. Queremos vincularnos con la gente del lugar y en conjunto desarrollar el proyecto del documental. Para lo cual llevaremos adelante talleres en los que compartiremos nuestros conocimientos en las áreas de realización de entrevistas, filmación, edición de imagen y sonido y en el encontrar una dramaturgia en el material recolectado. Ponemos a disposición nuestro conocimiento y capacitaremos si es necesario a las personas para que ellas mismas puedan contar sus propias historias. En ese empoderamiento radica nuestro acompañamiento del proceso y en el mutuo apoyo en expresar ideas e intereses.

Esta modalidad de realizar la tarea, además de lo que venimos de mencionar, se sustenta en la convicción de que l@s protagonistas se dirigen a la cámara de una forma muy diferente si son filmad@s y/o entrevistad@s por una amig@. Y esa relación de cercanía e identificación se trasmite a la pantalla gigante y al público en general.

Como nuestro trabajo se basa en una forma exploratoria, no tenemos una narrativa escrita, sobre cómo será el documental. Claro que tenemos preguntas que nos brindan un marco, el cual se amplía o descarta a medida que vamos explorando el campo y realizando los talleres. Una de esas ideas que viaja con nosotros es la de visitar junto con una „delegación“ de Kiribati la isla Vanua Levo de unos 20 Kilómetros cuadrados de Fiji. El gobierno anterior al actual de Anote Tongo compró a Fiji en el año 2014 la isla para ir preparando una evacuación de la población. Una situación sumamente interesante si consideramos que Fiji es hasta el momento el único Estado que reconoce el cambio climático como razón de emigración y que se comprometió públicamente en recibir un contingente fijo de personas de Kiribati.

Pero nuestra investigación también reveló que no todas las personas que residen en Kiribati están dispuestas a aceptar la desaparición de su tierra. Hay ideas y técnicas no convencionales y exigentes que podrían salvar la isla, por lo menos en parte. Y también sobre esos sueños, sean reales o no, queremos profundizar más.

Nuestro enfoque, único en la exploración y desarrollo mutuo, dará como resultado un documental convincente, enfático y altamente actual que aborda uno de los temas más importantes de nuestro tiempo.